Separación de bienes

   
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Cada vez son más las parejas que en su boda optan por el régimen de separación de bienes (separación de patrimonios) en vez del tradicional régimen de gananciales (sociedad de gananciales).

Cada fórmula tiene sus ventajas y sus desventajas. Para aquellas parejas en las que la diferencia de patrimonio entre la novia y el novio es importante, se suele recomendar al más acaudalado, la opción de la separación de bienes. La ventaja es evidente ya que en caso de futuro divorcio, no tendría que compartir sus bienes con su ex-pareja, quedando cada parte únicamente con aquello de lo que sea titular.
firma boda

En toda boda, por defecto se establece el régimen de gananciales, salvo en Cataluña y Baleares que regulan un régimen por defecto diferente, siendo de aplicación en estas comunidades el de separación de bienes, salvo que se dicte lo contrario. En éste régimen de gananciales el matrimonio será co-titular de todo aquello que se haya ganado a partir del enlace. Es decir, en caso de ruptura en el futuro, cada parte conservará todo aquello que fuese suyo antes de la boda, pero tendrá que repartir aquellos bienes y responsabilidades que se hayan generado durante la vida de casados.
En Aragón el régimen establecido salvo que se especifique uno diferente será el de “consorciales”.

La definición un poco más extensa sería la siguiente:
Se denominan bienes gananciales o simplemente gananciales en derecho, a todos aquellos bienes adquiridos por los cónyuges durante el matrimonio, a excepción de los recibidos a título gratuito.

La característica principal de dichos bienes es que pertenecen a ambos cónyuges por igual, independientemente de quién de los dos los haya obtenido y lo normal es que para disponer de ellos baste con que el negocio jurídico lo acuerde uno de los dos cónyuges siempre y cuando exista la aceptación del mismo por parte del otro cónyuge.

La inclusión o no de los bienes del matrimonio en la comunidad de bienes gananciales dependerá del régimen económico matrimonial por el que los cónyuges hayan optado.

Lo contrario a los bienes gananciales son los bienes privativos, que dentro de un matrimonio pertenecen únicamente a uno de los dos cónyuges, por distintos motivos desarrollados en la ley concreta aplicable al caso.



El régimen de separación de patrimonios es el más sencillo de explicar. Consiste, simplemente, en que cada uno de los cónyuges conserva a plenitud la propiedad, administración y disposición de sus bienes presentes y futuros, así como de los frutos y productos de dichos bienes. Cada cónyuge responde de sus deudas con sus bienes propios, aunque ambos tienen la responsabilidad de colaborar con los gastos del hogar. Para su validez, se requiere el otorgamiento de una escritura pública y su inscripción en el registro personal.

En caso de disolución del matrimonio, los bienes gananciales deben ser repartidos por igual entre los dos cónyuges.

Debemos considerar la boda a todos los efectos como un “contrato” con todas las consecuencias que esa palabra supone. El contrato matrimonial es sin duda uno de los mayores compromisos en la vida de una persona y por ello debemos prestarle la máxima de las atenciones.

Hay parejas que se acogen al formato de separación de bienes simplemente por razones fiscales, o económicas, sin que tenga que mediar ningún tipo de desconfianza si no todo lo contrario.

Debemos tener en cuenta que el cambio de régimen durante el matrimonio necesariamente implica una liquidación del régimen anterior, lo que implica un gasto. Por lo tanto, realizar una buena elección inicial es importante para efectos de disminuir costos.
No obstante los matrimonios siempre podrán cambiar su estatus a través de las capitulaciones matrimoniales en el momento que lo deseen.
Éstas capitulaciones deben ser efectuadas ante notario y presentadas en el registro civil correspondiente para su inclusión.

Existen dos claros puntos de vista sobre la separación de bienes. El de el contrayente con menos medios y el que tiene abundancia.

En caso de no existir notables diferencias entre los bienes de los novios, la fórmula más habitual es la de gananciales, ya que es la más solidaria.

Si se pretende comenzar un matrimonio y ya desde el punto de partida existe cierta previsión de una posible futura separación, o se tienen dudas, quizás no es aún el momento más adecuado para casarse, y aún falta recorrido de noviazgo necesario para ganar confianza en la pareja.

Sin embargo el hecho de separar los bienes, no debe necesariamente implicar desconfianza ni falta de cariño. Debemos elegir la fórmula que por nuestras circunstancias personales mejor se adapte a las necesidades de la pareja.


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